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El Padrino y el vino, por Syrah


“Ahora me gusta más el vino que antes”, dijo ayer Marlon Brando en su interpretación de Vito Corleone. Lo dijo durante esa fantástica escena en que comienza preguntando a su hijo Michael (Al Pacino) por su familia, por su felicidad. “El pequeño ya sabe leer tebeos”, contesta Michael a su padre. Y Don Corleone sonríe, “¡ya sabe leer tebeos!” (vaya, vaya, que joputa el crío). Durante la conversación, en principio prosaica y familiar, se introduce la verdadera esencia de ésta “Te pedirán una reunión con Barsini en la que te prometerán total seguridad...A propósito, quien te haga la proposición....ése es el traidor”(y después de decir esto, me voy a echar una siesta).
...Decanta el caldo

Eché otro trago de mi copa de Montesoro, un vino del Bierzo crianza del 99 que me encanta. Es el último y gran consejo que el gran Don ofrecerá a su pequeño Michael. Después, se pondrá a jugar con su nieto entre las tomateras y le dará el telele.

Otro trago de Montesoro para aliviar el tracto digestivo, porque ante una escena tan brillantemente rodada, a uno le entra una incómoda angustia en el estómago debida a los celos. Me pasaba lo mismo cuando mi ex sonreía demasiado a los desconocidos.

Pensé en cómo era posible que el jodido Vito conociera tan profundamente el alma humana y sus entresijos. Hubiera sido un gran psicólogo de no dedicarse a la delincuencia. Esa astuta intuición, ese conocimiento formal de los métodos de la mentira y la seducción, en el fondo, son el por qué de que familia como los Corleone consiguiera subsistir dentro del mundo del hampa durante generaciones. Su verdadera cualidad, que les diferenciaba de los capos de las otras familias, era la capacidad para anticiparse a los acontecimientos y descubrir los movimientos de los enemigos antes de que ocurrieran, al igual que con métodos psicológicos, conseguir descubrir a los traidores.

Más tarde, Tesio, en el funeral de Don Vito Corleone, se acercará a Michael y le propondrá la reunión con Barsini. Está claro, él es el traidor. Si incluso Tom Hagen, que no ha escuchado la conversación lo sabe...¿Cómo es posible que no lo supiera el propio Tesio, un hombre que llevaba años trabajando para la familia? ¿No se daba cuenta de que haciendo esa proposición estaba firmando su sentencia de muerte? Hace años, reconozco que esta especie de precogniciones tan bien fundadas me parecían un tanto increíbles. Pero no cabe duda de que se trata de la cualidad de los Corleone por antonomasia.

Antes de morir, Don Vito ya había señalado a Barsini como el ejecutor de su hijo Santino: “Tataia es un perro, él nunca se hubiera atrevido con Santino. Tuvo que ser Barsini”. Y a tomar por culo. Nunca sabremos, porque no se explica en la película, si Barsini fue o no el que proyectó el salvaje asesinato de Santino, pero, qué más da. Palabra de Corleone en estos casos es tanto como decir palabra de Dios, la creación del mito conlleva su omnisapiencia.

Una vez localizado el traidor, su capacidad de venganza es casi infernal, sobre todo en el caso de Al Pacino, que llega incluso a asesinar a su propio hermano. Pero es cierto que, después de todo, los Corleone nunca inician una guerra por intereses propios, por acaparar mayor mercado, sino que son agredidos por otras familias que sí tienen esa ambición por quedarse con el imperio Corleone. Básicamente, parece incluso cierto que todo lo que hacen es por “el bienestar de la familia”. De aquí nace la ambigüedad moral que emana de la película: ¿Cómo podemos cogerle cariño a tal panda de delincuentes?

Entre otras cosas, porque reconocemos el talento, aunque sea talento para hacer el mal. Y los Corleone lo poseen. El talento para conocer el alma humana y sus reacciones adelantándose a ellas, para saber que Cuba está a punto de sufrir una revolución comunista que dañará sus intereses o para saber que la inversión en fundaciones legales pueden limpiar todos sus negocios corruptos.

Y al final, todo ese talento desaprovechado tras una vida. Terminas en una casa de Sicilia, viejo, con un perro vagabundo sentado al lado de tu silla, que cuando te caes de ella porque te acabas de morir ni siquiera se acerca a husmearte. Obra maestra.

Ahora me gusta más el vino que antes de verla.

sábado, marzo 18, 2006


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"Braindead" (Tu madre se ha comido a mi perro), por Syrah


Me tiré un pedo. Miré hacia los lados. No había nadie en casa, menos mal. La jodida pizza cuatro quesos del super y el vino Los Molinos, que es pura química, estaban empezando a sacudirme internamente la noche.

Tenía preparado un Dvd pirateado de internet. Un título mítico para los que nos iniciamos en esto de la cinefilia gracias a los videoclubs de antaño, y nos vimos unos largometrajes que hoy dudan algunos de que ni siquiera existan. “Braindead, tu madre se ha comido a mi perro”, del oscarizado Peter Jackson.
...Decanta el caldo

Lo primero que me sobresaltó fue ver a Diana Peñalver (la morena de la serie Chicas de hoy en día) como heroína de la película, en el papel de latina en un país como Nueva Zelanda, hija de una anciana quiromante que advertirá al protagonista de los males que le acechan.

La idea principal de la película ha sido reiteradamente machacada por el cine de género: los exploradores que van a un país remoto y se traen a un mono raro e hijo de puta que si te muerde te conviertes en un zombi caníbal. La parte original es que a la primera que muerde el bicho es a la madre del protagonista, que tiene dominado a su hijo, un tipo apocado y pusilánime. El chico, al ver que su madre se está literalmente comiendo a la mitad del pueblo, intenta encerrarla junto al resto de zombis en el sótano de su casa. Y procura que nadie se entere de lo ocurrido.

Es de agradecer que dentro de un puro estilo gore, mezclado con muchas dosis de un humor discutible, Peter Jackson aproveche para hacer una crítica social de las buenas formas burguesas en uno de los episodios más asquerosos de la historia del celuloide, en el que una pareja de la liga de mujeres del pueblo visitan a la madre zombi. El hijo prepara unas natillas y a la madre se le cae dentro del plato su propia oreja desprendida y pútrida. Se la come con las natillas. Verdaderamente repugnante pero críticamente válido, pues lo que hace ver Jackson es al resto de los comensales incapaces de responder a lo ocurrido. Es más, a uno de ellos le gustan tanto las natillas que quiere repetir en otra ocasión, como si no estuviera ocurriendo nada, como si dicha asociación sólo se dedicara a ir zampando de casa en casa y todo lo demás le diera igual.

Dicen que en esta película se gastó la mayor cantidad de sangre artificial de la historia del cine, en una de las escenas finales, cuando segadora en ristre, el protagonista decide acabar con todo un salón infestado de zombis de güateque. Es lo más espectacular y seguramente lo único verdaderamente gracioso.

Este género gore, mezclado con intentos de humor irreverente y hemoglobínico, y dosis de crítica social, lo han llevado a término varios realizadores con resultados distintos. Quizá el mejor ejemplo sea Sam Raimi y su saga de los terroríficamente muertos (The Evil dead), con ese gran Bruce Campbell siempre al borde del colapso nervioso. Y el peor, nuestro ejemplo patrio, Alex de la Iglesia, que nunca ha conseguido, en ninguna de sus películas, mezclar la dosis ideal de humor, crítica y sangre, acabando siempre en un puro despendole en el que ya no sabe uno si reírse, llorar o salirse del cine.

“Tu madre se ha comido a mi perro”, película visualmente mucho mejor trabajada que el anterior título mítico de Jackson “Bad Taste” (Mal Gusto), es una película que hay que ver hoy en día sobre todo para darnos cuenta de todo lo que el ordenador a perjudicado a nuestra percepción de las imágenes. Para repugnarnos o asustarnos, esos grandes maquilladores y técnicos visuales que deben haberse quedado en paro, conseguían transmitirnos esas sensaciones (al fin y al cabo, también hay que tener su arte para transmitir asco), con mucha mayor fidelidad y profundidad que cualquier mackintosch de hoy en día. La prueba está en que tanto la saga de los anillos de los cojones, como ese churro de película titulado “Atrápame a esos fantasmas” o algo así, Peter Jackson no consigue dar ni un susto ni una arcada comparable a las de “Bad Taste” o “Braindead”. Sólo viendo “El diario de Patricia” he logrado llegar a cotas de repugnancia similares hoy en día.

martes, marzo 07, 2006


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"Verdes praderas" de J.L. Garci, por Syrah.


Todo director y guionista de cine, como José Luis Garci, con una trayectoria que comienza en los años setenta hasta nuestros días, tiene el derecho y quizá hasta el deber de desarrollarse personalmente a la par que lo hace su cine y lo que en él refleja. Ocurre que su evolución en concreto ha sido politizada por algunos cinéfilos, desde mi punto de vista, injustamente. Es muy fácil concluir que “Asignatura pendiente” es una película de izquierdas y “Tómbola 1950”, de derechas, y además aducir que el autor ha modificado interesadamente sus temáticas según se relevaban las distintas ideologías en el poder; por un puro lameculeo de tiralevitas o un subvencionado instinto de autoprotección. Viendo las películas de Garci y recordando sesgadamente su trayectoria personal, me parece que esta teoría es un tanto simplista.
...Decanta el caldo

En 1979 Garci realiza la película “Verdes Praderas”. Garci firma el guión junto a González Sinde, y los protagonistas principales son Alfredo Landa y María Casanova. Alfredo Landa es un creativo publicitario de una gran compañía. Sus ideas son las mejores pero su valor como profesional queda en un segundo plano a ojos del jefe de la empresa, debido al generalizado peloteo que practican sus compañeros. Todos ellos, incluido Alfredo Landa, tienen un chalet en la sierra de Madrid al que acuden los fines de semana, quedan a cenar y tienen creado un equipo de fútbol de una liga regional. La acción de la película discurre en uno de esos fines de semana. Una serie de nefastas circunstancias van a transcurrir durante esos dos días, que harán que el personaje de Alfredo Landa (Rebolledo) se plantee su relación con su mujer, con su trabajo, con sus hijos y consigo mismo a la vez.

Esta película es un furibundo ataque y sin medias tintas a una burguesía hipócrita y cicatera, a un modo de vida cínico y carente de sentido, lleno de aprovechados sin escrúpulos. Alfredo Landa es un hombre que ha llegado a su posición trabajando duro desde abajo y que proviene de una familia humilde, por lo que siempre le vemos fuera de contexto dentro de un círculo social que en el fondo detesta pero admite como irremediable. Al final de la película se produce su liberación personal, su purificación, ayudado por su mujer; la relación ente ambos evoluciona constantemente, sugeridamente. Ella va dándose cuenta de las carencias que sufre su marido y que la comprometen directamente. Un papel bordado por María Casanova , y un personaje femenino fantásticamente dibujado: autoritario e independiente, pero comprensivo e inteligente, sensual y fría al mismo tiempo, más complejo de lo que se puede ver desde la superficie, como ya le gustaría escribir a tantos interesados en lo “femenino”.

La película se mueve en tonos de comedia y drama, imitando un tanto las películas de Jack Lemon de su época como El Apartamento o Días de vino y rosas, adaptadas a un Alfredo Landa hispánico, bonachón y un tanto calzonazos que va ganando comicidad y dramatismo al mismo tiempo, según la trama le va cargando de ira, tragedia y melancolía; y a la vez que la película se va cargando también de profundidad hasta el desenlace final, que me atrevería a llamar de ideología, si hubiera que etiquetar alguna, cercana al anarquismo.

Garci como director está soberbio en la parte final. La sierra madrileña parece ir convirtiéndose lentamente en un sombrío paraje lleno de fantasmas en donde Alfredo Landa expresa por fin su angustia, su rabia, y su decepción por la vida que tanto le ha costado alcanzar y que acaba tratándose de una gran farsa para él. El diálogo con María Casanova en el bosque es de esos cinco minutos espléndidos de diálogo íntimo que Garci nos tiene siempre guardados; y al igual que siempre, también existen esos otros diálogos que se encuentran pisando la ambigua línea que separa lo magistral de lo ridículo, y sobre a la que Garci, siempre valiente, le encanta hacer equilibrios.

Garci como guionista con González Sinde, tiene buen pulso literario para describir cómo es la vida de ese Alfredo Landa decepcionado con su vida, que ha luchado para llegar donde está (recordemos que Garci trabajó de cajero en un banco y luego en Taurus antes de llegar al cine), y que mira con cierto desprecio irónico a esa panda de lameculos, pelotas, interesados y snobs que seguramente Garci ha conocido. Ahora no me puedo imaginar a un José Luis Garci con esa conciencia social, comprometido con la experiencia que conoce. Recordemos que Garci ha sido el único director con la valentía de explicarnos lo que significó la transición para muchos políticamente activos que, caído el régimen, se quedaron sin su sustento vital y empezaron a aburrirse. Y creo que es un director aún con el talento suficiente para seguir implicándose en la vida real, aunque no simula apetecerle. Contar de nuevo “Marcelino, pan y vino” en un convento de clausura, o las diatribas emocionales de una chica caminando por la playa, o hacer un fresco muy digno de la España de 1950, no tiene nada que ver con “Verdes praderas”.

Garci se ha sentado en el columpio de ese parque de su infancia, en el que las hojas anaranjadas caían de los árboles caducos, y no quiere dejar de columpiarse. “Verdes praderas” es una película digna y que hoy en día está de plena actualidad, porque seguramente, en este país, no puede ser de otra manera. Garci seguramente no quiere volver a coger con pasión las riendas de la realidad para contarnos una historia semejante, pero esto no tiene nada que ver con sus ideas políticas, a mi entender, sino con un proyecto aislacionista propio que evita vernos, tocarnos o relacionarse con los que vivimos en el planeta España en el 2006. Cabe la posibilidad de que tenga sus buenas razones para hacerlo.

jueves, enero 12, 2006


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Coti y "You are beautiful", por Cencibel


Uno parece el músico en castellano del momento, y la otra la canción de moda en los top- ten europeos.

El estribillo de la canción más popular de Coti dice lo siguiente: “Antes que ver el sol, prefiero escuchar tu voz”. Imagino que después prefiere comerse un boquerón antes de salir al balcón; acariciar tus ojos antes de sonarse los mocos, y no después; dejar de lado el pasado mientras tomo yogurt cuajado y estupideces semejantes. Todo sea por hacer algo antes o después de hacer otra cosa diametralmente distinta, sin que guarden entre ambas relación alguna. Este tío sufre un descontrol psíquico evidente. ¿Por qué prefieres escuchar su voz a ver el sol? ¿Se puede saber qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Es que en esto de la música para adolescentes ya vale todo? Musicalmente, ¿no podrías haberte currado una serie de notas distintas a Fa-Sol-Do y vuelta a empezar? Si es que me pones enfermo, amigo.
...Decanta el caldo


Es cierto que The Beatles en su primera etapa no tenían letras estupendas, pero al menos eso de “hazme el amor, hazme el amor, tu sabes que te quiero, yo siempre soy sincero así que por favor, hazme el amor”, al menos, repito, la concatenación de frases tenía algún sentido.

Y muchos dirán: no seas radical, con no comprar su disco y no escucharle basta, no tienes por qué ponerle a bajar de un burro. Eso tenía su lógica en los años de los Beatles. Con no comprar el disco y cambiar de dial en la radio tenías capacidad de elegir no escucharles. Pero ahora...¿existe esa libertad cuando me machacan con el Coti hasta en el andén del metro y no puedo hacer nada para impedirlo? Pues eso, que no pienso comprar su disco si aún quedaba alguna duda, que no soy un crítico musical profesional y ni siquiera autorizado, pero que me encuentro con el derecho de criticarlo tanto como a los socavones de la M-30 por el simple hecho de ser un ciudadano de a pie.

El otro individuo no sé cómo se llama, pero el estribillo de su canción dice en castellano: “Eres preciosa, eres preciosa, eres preciosa, y eso es cierto”. Y en el videoclip, va el tío, y después de decir esto, se tira al mar. Pues cojonudo. Seguramente lo haga porque al segundo “eres preciosa” la tía ya haya cogido un taxi camino de su casa y esté llamando a su mejor amiga para decirle “esta tarado, esta tarado, esta tarado, y eso es cierto”.

Diferenciemos el “You are beautiful” de este señor con el “You are so beautiful” de Joe Cocker. Diciendo prácticamente lo mismo, el viejo Joe pone toda la carne en el asador y deja salir la frase con la expresividad justa, que es mucha, sin avergonzarse de lo que siente, como si tuviera ella delante. En cambio, este pichafloja parece decírselo a sí mismo en acto masturbatorio, sin los redaños suficientes para transmitir esa simple frase con la emotividad que conlleva.

Vivimos los tiempos del complejo emocional. Todo aquello que suene a “siento algo por” se toma como una rémora de un romanticismo caduco. Tagore tendría mucho que decir al respecto, y no sé si lo llamaría miedo, como hago yo, seguro que él podría llegar más allá, pero estoy seguro de que todos los que se están perdiendo los placeres y sufrimientos posteriores a decir “You are so beautiful”, como Joe Cocker, se están perdiendo la esencia de esta vida que nos han dado para explorarnos.

¿Ya me he ido por las ramas? ¡Joder!


jueves, diciembre 22, 2005


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Yo soy catalán (PASALO)


Esta es una reflexión personal y pública del humorista catalán Andreu Buenafuente. En ella nos demuestra que, aún admitiendo su buena intención y su preocupación, el guirigay que tiene en la cabeza es de similares proporciones al del resto de los que se atreven a abrir la boca al respecto. Un punto negativo a su persona, espero algo mejor de un buen humorista, algo más que un posicionamiento político que al fin y al cabo, es lo que hace en la siguiente carta (Cencibel):

Yo soy catalán sí y sólo espero que las cosas vayan bien en todos los aspectos de la vida. Sólo espero (sigo haciéndolo cada día) que el ser humano o lo que queda de él, trabaje por un mundo mejor. Más justo, menos competitivo y excluyente con los que no tuvieron la suerte de nacer en un punto llamémosle rico del planeta. Para desear lo que acabo de decir, uno puede ser catalán, gallego, croata, venezolano o de ninguna parte. Hay gente que no se siente de ninguna parte. Hoy, he empezado denominándome catalán a causa del enorme e incompresible chaparrón político que se ha desatado sobre nuestras cabezas, cómo si no hubiera temas importantes.
Decanta el caldo

Con motivo de la ya famosa propuesta del Estatut (que nadie ha leído), se ha recrudecido y hasta envenenado el eterno debate sobre nuestros DNI, los supuestos sentimientos de patriotismo y ese tipo de cosas que no nos importan a la gente de la calle. Dado que ésta es una sociedad mediática apabullante, los presuntos periodistas y sus grupos ejercen de jueces en lugar de informadores. Predisponen en lugar de servir las noticias. Así es como se oscurece el clima y se cambian la palabra "debate", por "crisis" o "debacle nacional".
La derecha se apunta al carro de la crispación y demuestra que no sabe vivir en la oposición.
No tiene ideología. Sólo pretende recuperar el control del "chiringito". Y, para eso, cuanto más grande e incuestionable sea el "chiringuito" nacional pues mejor. A la derecha, le trae al fresco la modernidad y la evolución del estado. Si pudiera, ni se hablaría de éso. Como si callar, eliminara el problema. Los políticos, en general, enfocan los temas con torpeza, se les escapan de las manos y generan la inquietante sensación de que "tenemos un problema". Bueno, pues yo no tengo ni quiero tener problemas de este tipo. Yo exijo que el estad aplique todos sus mecanismos legales y reguladores para eliminar el conflicto de nuestra vida cotidiana. Somos libres. Nos gestionamos así y el miedo, el oscurantismo y los apocalípticos deberían estar prohibidos. Porque no es sano, ni moderno, ni democrático. Todos aquellos, los que sean, que aviven el fuego de la controversia, deberían verse en un espejo y contemplar sus aspectos de hechiceros de la tribu. Si Catalunya quiere un nuevo estatuto, ¿qué vamos a hacer?. Pues lo que dice la ley. Esperar a que el Parlamento español se pronuncie y considerar todas las declaraciones vertidas durante el proceso como un elemento más del juego democrático. De nada sirve juzgarlas por separado. De nada sirve ensalzar a los radicales, ni demonizar a los que discrepan, ni ridiculizar al gobierno. Bueno, sí. Sirve para cargarse al estado.
Aquí, donde yo vivo, nadie quiere ofender a nadie. Nadie quiere enfrentamientos porque las heridas del pasado son demasiado dolorosas como para desear reabrirlas. ¿Unidad Nacional?. Estaremos unidos si respetamos nuestras diferencias e identidades, conservadas con esfuerzo y alguna tragedia a través de los siglos. Si nos sentamos en una mesa a construir la España del siglo XXI, conseguiremos erradicar esa sensación de pantano agrietado que amenaza con llevarse por delante tantos años de poso común.
Los tiempos cambian y los pueblos que conforman el Estado español son más listos, avanzados y orgullosos. ¿Que hay de malo en eso? El orgullo sumado nos hará más fuertes. Nos plantará ante Europa como un pulpo de tentáculos rápidos y musculosos y no como un cangrejo con boina que camina hacia atrás y no ve el progresos aunque lo tenga delante de sus narices.
Soy catalán.
Mis padres emigraron desde Andalucía tras una guerra fraticida. Mi jefe es italiano y vive en Madrid. Uno de mis mejores amigos es de Chamberí. Su hija nació en China. Mis parientes se reparten por Valencia, Murcia y Galícia. Mi compañera de trabajo nació en New York. Toda esa gente, ahora y aquí, pedimos políticos a la altura de las circunstancias que negocien nuestro futuro con sentido común y profesionalidad.
Andreu Buenafuente, Noviembre 2005

domingo, noviembre 27, 2005


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Beatles Anthology, por Cencibel


Acabo de terminar de ver el documental sobre The Beatles. Cuatro Dvd y ocho capítulos del tirón, en sesión continua. Hay que ver lo que evolucionaron estos cuatro chicos de Liverpool que imitaban a Buddy Holly. No sé cuantas horas he permanecido delante del televisor. Empecé ayer por la tarde con el primero de los discos y he terminado hoy a mediodía. El tiempo voló.
...Decanta el caldo


Estoy acatarrado, y siempre en estos casos entro en una especie de dimensión paralela, la del acatarrado. Nada me sabe igual, ni me huele igual, y no veo la realidad tal cual es sino como pasada por un tamiz, como a través de esas gasas que ponían en el objetivo de la cámara cuando actuaba Sara Montiel en televisión. Así que debió ser a mitad del segundo Dvd, sí, imagino que a esas alturas, cuando entré dentro de la realidad del documental y me dedicaba a esperar a los Beatles en los aeropuertos con una pancarta que ponía: “Sois más famosos que Zarathustra”.

Me bebí media botella de un vino argentino. Mitad Syrah mitad Malbec. El bodeguero debiera estar en prisión, o en el psicólogo. Es el vino más áspero que he tomado en mi vida; para cantar un blues lo mejor. Y George va y se pone a hablar del LSD, del resto de las drogas y del Maharashi. Pues resulta que por esas fechas participó en uno de aquellos macro-conciertos, no sé si el de Woodstock, White u otro. Y dice que le decepcionaron enormemente las personas que acudieron. “No eran más que unos gamberros drogados”-dice-.”No salía nada creativo de su dependencia a las drogas, para ellos no era más que otro vicio, un pretexto más para hacer el gilipollas”. O sea, que más o menos como ahora. Dijo también que a partir de ese momento dejó de tomar LSD.

Me revolqué en el comentario, le di a la pausa y me eché otro vaso del argentino asesino. Pensé en cuando yo dejé la cocaína. Fue un proceso natural, como un hartazgo. Me cansé de levantarme emparanoiado con alguna soplapollez; me cansé de sentirme en una dimensión vital especial. Es parecido a lo del catarro. Cuando eres consumidor no haces más que conocer a consumidores como tú, y te das cuenta de la cantidad de pirados que te rodean incluyéndote a tí mismo. Y curiosamente, desde que lo dejé por no se qué motivo, ya nadie viene a ofrecerme gramitos, ni me pregunta si consumo. Es como si siguieran estando ahí pero ya no me reconocieran como parte. Debe ser porque ya no estoy acatarrado y no vivo esa realidad, pero casi me asusta más pensar si me estoy perdiendo algo. A lo mejor me han dejado fuera de algún tipo de conjunto.

Desde este otro lado puedo decir que la cantidad de pirados no consumidores es la misma. Ocurre que estos pirados son más aburridos porque no buscan respuestas, acertada o desacertadamente se la suda su identidad y su propia inestabilidad , y eso da una tristeza que no me daba el mundo de los acatarrados. Ellos estaban perdidos, pero vivos.

¿Habéis oído hablar al famoso Maharashi? Da miedo. No entiendo cómo un grupo inteligente como el que formaban los Beatles pudo caer en el atractivo de semejante charlatán. Al parecer, les molaba que se pasara el día sonriendo, como Zapatero. Pero si veis su sonrisa, asusta más que la de cuatro hienas cepillándose los restos de una cebra. George y John se pasaron cuatro meses viviendo en una especie de población paradisiaca que se había montado el Maharashi en la India. Pero Paul y Ringo se volvieron a las primeras de cambio.
Aquella fue la primera separación seria del grupo, acababa de palmarla Brian Epstein y la Yoko ya pululaba por Apple Records tocando los cojones al personal. En mi catarro y con otro sorbo del vino psicópata me vi con un círculo rojo pintado en la frente, abriendo y cerrando chakras como si fueran latas de conserva. El Maharashi y yo nos dedicábamos a darles charlas a los Beatles mientras ellos componían canciones. Nuestro cometido era intentar romper su magia, la que se habían labrado durante años de amistad para que una vez llegaran al estudio no fueran capaces de comprenderse los unos con los otros. Algo así como formar una torre de Babel musical en la que ninguno entendiera los acordes del otro. Había algo en su música que superaba cualquier tipo de dictamen religioso, incluidos los nuestros. Y creaba un desequilibrio en la energía cósmica que teníamos que intentar contrarrestar yendo al grano. Había que intentar separarlos. Dos sorbos más tarde se me pasó la bobada y volví a apretar el PLAY.

Terminó el último y melancólico dvd del Beatles Anthology. Es una pasada. Me ha sorprendido gratamente que el punto de vista del documental, quizá sin proponérselo, le haya dado tamaña importancia a la fuerte amistad entre todos ellos como una de las claves de su éxito, desde todos los puntos de vista. No se daban cuenta de ello. Dejan acertadamente para el final un comentario del Ringo actual mirando a una pared en mitad de una entrevista, reflexionando, para terminar diciendo emocionado: “Joder, si es que éramos íntimos amigos. Hemos pasado de todo juntos”. Parecía acabar de darse cuenta, como si saliera del catarro y viera la realidad.

viernes, octubre 28, 2005


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Charles Bukowski: "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco", por Syrah


Espléndida la última botella póstuma de una cosecha que llevaba veinte años macerando y que John Martín, amigo de Charlie, rescató de sus archivos para presentárnosla con plena vigencia.

Color cobre crepuscular; el cuerpo mítico barrigudo y nocturno como una farola; el sabor ácido con retrogusto melancólico. Alcohólico en grados mayores y cercano a la muerte y a la conciencia, sensaciones que se entremezclan en este caldo diario y que son la base de un aroma a la vez natural e inigualable:
...Decanta el caldo

“Los dioses barajan las cartas. El tiempo es mutilado y tú eres un estúpido. Pero el tiempo se hizo para malgastarlo. ¿Qué le vas a hacer? No siempre puedes funcionar a todo vapor. Te paras y arrancas. Tocas techo y luego te hundes en un pozo negro. ¿Tenéis gato? Cómo duermen, tío. Pueden dormir 20 horas al día y siempre están guapos. Saben que no hay nada por lo que merezca la pena entusiasmarse. La siguiente comida. Y algo que matar de vez en cuando. Cuando siento que todas estas fuerzas me desgarran, me dedico a mirar a uno o a varios de mis gatos. Son 9. Miro a uno de ellos, dormido o medio dormido, y me relajo. Escribir es también mi gato. La escritura me ayuda a enfrentarme con todo esto. Me relaja. Aunque sólo sea por un momento. Luego se me cruzan los cables y tengo que empezar desde cero otra vez. No entiendo a los escritores que deciden dejar de escribir. ¿Cómo se relajan?”

“Nada impedirá a un hombre escribir a menos que ese hombre se lo impida a sí mismo. Si un hombre desea verdaderamente escribir, lo hará. El rechazo y el ridículo no harán más que fortalecerle. Y cuanto más tiempo se le reprima, más fuerte se hará, como una masa de agua que se acumula contra una presa. No hay derrota posible en la escritura; hará que rían los dedos de tus pies mientras duermes; te hará dar zancadas de tigre; te encenderá los ojos y te pondrá cara a cara con la Muerte. Morirás como un luchador, serás honrado en el infierno. La suerte de la palabra. Ve con ella, envíala. Sé el Payaso en la Oscuridad. Es divertido. Es divertido. Otra línea más...”

“...Es cuando como ligaba con mujeres en los bares. Solía pensar, quizá ésta sea la que estaba buscando. Otra rutina más. Y sin embargo, durante el acto sexual, pensaba: ésta es otra rutina. Estoy haciendo lo que se supone que tengo que hacer. Me sentía ridículo, pero seguía adelante en cualquier caso. ¿Qué otra cosa podía hacer? Tendría que haberme parado. Tendría que haberme echado hacia atrás y haber dicho:

- Mira, nena, estamos siendo unos estúpidos. No somos más que peones en manos de la naturaleza.
-¿Qué quieres decir?
- Lo que quiero decir, nena, es que si alguna vez has visto dos moscas follando o algo de eso.
- ¡ESTÁS LOCO! ¡YO ME LARGO DE AQUÍ!”

lunes, octubre 10, 2005


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